David Bowie

De los 60 a la fecha, intentar describir uno a uno todos los David Bowie que construyeron la personalidad camaleónica de David Bowie es una tarea casi imposible, innecesaria.

 

La mutación sonora y estética es la característica que definió todas y cada una de las etapas de su larga carrera y lo convirtieron en uno de los personajes más importantes de la historia de la música, uno de los más influyentes y al mismo tiempo más indescifrables.

La androginia glam y ostentosa de Ziggy Stardust, su primer pero más importante alter ego, shockeó al mundo a principio de los 70 y le permitió a Bowie canalizar sus ambiciones actorales que luego explotaría con roles estrafalarios en películas como The Man Who Fell to Earth o más tarde en Laberinto. Ziggy era un alienígena que había venido a salvar la Tierra, pero que en el camino encontró el rock & roll; con su make up colorido y sus trajes extravagantes, poseyó el cuerpo del cantante principalmente sobre el escenario y lo llevó hacia el éxito: “No sabía si era yo el que escribía los personajes, o si los personajes me escribían a mí, o si éramos la misma persona”, confesó luego de asesinarlo, en el concierto mítico de julio de 1973, en el Hammersmith Odeon de Londres. La muerte de Ziggy dio lugar a una nueva resurrección pero su recuerdo nunca se extinguió. Pasaron Alladin Sane, el Duque Blanco, la trilogía de Berlín, el Let´s Dance ochentoso y más de dos decenas de discos hasta un hiato de diez años (de 2003 a 2013) que lo devolvió al estudio para sorprender nuevamente con The Next Day, su último trabajo. A los 68, Bowie sigue mutando.

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